martes, 15 de mayo de 2012

Una nueva cosmovisión

Sobre la alienación y la salud mental en el mundo moderno, y la necesidad de una nueva cosmovisión. 

En su Nueva visita a un mundo feliz Aldous Huxley retoma (en forma de ensayo) las reflexiones que le llevaron a escribir Un mundo feliz en los años treinta. Comienza citando a Erich Fromm, en el capítulo dedicado al progreso de la Psicología, para explicar sus opiniones al respecto: 


“Nuestra sociedad occidental contemporánea, a pesar de su progreso material, intelectual y político, ayuda cada vez menos a la salud mental y tiende a socavar la seguridad interior, la felicidad, la razón y la capacidad para el amor del individuo; tiende a convertirlo en un autómata que paga su frustración como ser humano con trastornos mentales crecientes y una desesperación que se oculta bajo un frenético afán de trabajo y supuestos placeres”. 

Comparto, en buena medida, la visión que Huxley tiene del mundo moderno: una sociedad atrapada y esclavizada a sí misma. Tras los resultados de la Segunda Guerra Mundial y, tras ello, del fin del bloque soviético, hemos caído en una desenfrenada carrera consumista, un tren a toda velocidad que no dispone de frenos. Gastamos la mayor parte de nuestras vidas en fabricar un excedente que, en realidad, no necesitamos. Pero como el excedente sin consumir significaría la ruina de todo Occidente, creamos necesidades falsas (mediante la publicidad) para convencernos de que deseamos consumirlo. Compremos, o el mundo habrá llegado a su fin. Y buscamos en ello una felicidad inalcanzable: en la riqueza, en el trabajo, en los objetos. Y lidiamos día a día con el estrés, con la cultura de masas, con la homogenización. Las modas (cada vez más fugaces) son parte inseparable del sistema. Como burros persiguiendo la zanahoria, corremos desfogados por el camino equivocado. Fromm, por supuesto, tenía razón. Nos dirigimos, a este ritmo, a ser incapaces de amar y alcanzar la felicidad. E intentamos, desesperados, de encontrar algo más allá: intentamos abrazar al budismo, o ensalzamos ilimitadamente el amor. Y el resultado lo tenemos ante nuestros ojos: la neurosis, el estrés y la depresión aumentan sin cesar. Sigo citando a Fromm respecto a las enfermedades mentales: 

“Huyamos de definir la higiene mental como la prevención de los síntomas. Los síntomas no son como tales nuestro enemigo, sino nuestro amigo; donde hay síntomas hay conflicto y el conflicto siempre indica que las fuerzas vitales que luchan por la integración y la felicidad siguen combatiendo todavía (…) Muchos de ellos son normales porque se han ajustado muy bien a nuestro modo de existencia, porque su voz humana ha sido acallada a una edad tan temprana de sus vidas que ya ni siquiera luchan, padecen o tienen síntomas, en contraste con lo que al neurótico le sucede”. 

¿Es entonces la felicidad inalcanzable en el mundo moderno? Y hablo de la verdadera felicidad, no la ausencia de emoción que proclamaba Buda, o los sabios estoicos, o la escondida senda que defendía Fray Luís de León. Decía Freud que sólo hay dos formas de ser feliz en esta vida: una es ser idiota, y otra parecerlo. 

Robert Robinson, en su Introducción a la Psicología Jungiana, nos dice: “Beethoven, Thoreau, Lincoln y Einstein, por ejemplo, estuvieron todos ellos sujetos a intensos sentimientos de depresión a lo largo de su vida. Tal experiencia es común en aquellos que recorren un largo amino por el sendero de la individuación, porque descubren que siempre hay más oscuridad a la que enfrentarse”

¿No estarán los psicólogos luchando contra algo inevitable? Como los médicos victorianos: buscando curar las enfermedades con sangrías y medicamentos, mientras la población muere a millares a causa de la pobreza y la suciedad. Quizá luchen contra el enemigo equivocado. Quizá, lo que es peor, trabajan para el enemigo. Fuerzan a los pacientes hacia la mayoría, a regresar a la media. A normalizarse. Mantienen el sistema, le dan fuerza. Son sus soldados, sus alienadores profesionales. 

En una carta sobre la obra de Dostoievsky, Herman Hesse afirma: “el primero y más agobiante de mis problemas no fue nunca el estado, la sociedad, o la iglesia, sino el ser humano individual, la personalidad, el individuo único que no ha sido reducido a una norma.” Lo que de verdad plantea Hesse, como lo hicieron Nietzsche y Dostoievsky antes que él, es la necesidad de una nueva ética integradora, una ética que asuma la muerte del dios judeocristiano y la liberación mental que ha logrado el desarrollo científico. La moral del superhombre de Nietzsche, la religión que adora al Abraxas de Demian. El hombre moderno se encuentra dominado por una moral arcaica y un materialismo sin sentido. Atrapados entre la ausencia del sentido y el estrés, caemos en el neuroticismo, la depresión y la esquizofrenia. Skinner se equivocaba en las herramientas para edificar su "sociedad científicamente construida", pero no en sus motivos. Tengamos valor para luchar por la por la humanidad autorrealizada con la que Maslow soñaba, por la humanidad trascendente que vislumbraba  Hesse. El límite es el cielo, y hace siglos que nadie custodia sus puertas.


Bibliografía recomendada

- Un mundo feliz y Nueva visita a un mundo feliz, de Aldous Huxley. Hay una edición muy recomendable de Edhasa que incluye ambos libros.

- El miedo a la libertad de Erich Fromm.

- Demian, de Herman Hesse.

- Filosofías del Underground, de Luís Racionero.

viernes, 3 de febrero de 2012

La locura en el folclore gallego

La tradición y la cultura gallegas, ricas y complejas de por sí, tienen numerosas explicaciones populares para las causas de la locura (la esquizofrenia, para la Psicología y Psiquiatría modernas).

Las enfermedades psíquicas han sido consideradas, durante largos siglos, como algo de origen sobrenatural, tanto demoníaco como divino. Recordemos la epilepsia, considerada por los romanos como una maldición de los dioses, o la consideración que se le daba a los incontables oráculos que han poblado la Historia (quizá efecto de la esquizofrenia, quizá efecto de alucinógenos). La cultura gallega no es una excepción, por supuesto. Y el gran paso de la psicología y la psiquiatría (considerar las enfermedades mentales como algo físico y mundano, debido al cerebro) no siempre ha conseguido desplazar a la superstición. Sobre la ya citada epilepsia, Hipócrates decía:

No me parece, pues, que sea en manera alguna más divina ni más sagrada que otras enfermedades, sino que tiene una causa natural de donde se origina como otras enfermedades.

Han sido necesarios muchos siglos para que la opinión científica se convirtiese en mayoritaria, y este pequeño artículo es un ejemplo de las tradiciones que, sin bien en grave retroceso, todavía permanecen. Para el folclore gallego, el enfermo mental es un “aojado”, un “embrujado” o un “endemoniado”, alguien que sufre un “meigallo” que debe ser arrancado.

Este “meigallo” debe ser expulsado durante las romerías, peregrinaciones hacia el santuario o ermita de un santo o una virgen, generalmente de una duración de un día o una tarde, durante la celebración de una fiesta. Los más habituales son San Pedro Mártir (el 29 de Abril) en Santiago de Compostela y Ribadavia. La curación es, como poco, curiosa: se hacen ceremonias con pequeñas diferencias entre sí (algunas con agua bendita y extrañas mezclas, como ajo, sal y piedras del camino) durante las que se recita un “contra-meigallo”. Como ejemplo, el comienzo del “contra-meigallo” habitual en Salvaterra de Miño:
Allo, cascado
con sal callado
no mar sagrado
córtame esta ollada,
sexa de vivos ou de mortos
ou de xente excumulgada.
Las causas de este “meigallo” son varias: en primer lugar, describiremos el “mal de ollo” (o “mal de ollada”, o “mala fada”, hay gran variedad de nombres). A algunas personas concretas se les atribuye el poder de provocar desgracias a otras personas mediante la mera fijación ocular. El poder tiene procedencia demoniaca y, por lo tanto, convierte en las víctimas en “endemoniados”, a sentirse extrañados respecto al Yo, a tener un sentimiento de novedad respecto a todo lo que ocurre (todos ellos síntomas comunes en el esquizofrénico). Un detalle curioso es que, en la mayoría de los casos, los enfermos conferían este poder a novios, amantes, maridos de antiguas novias, o exnovias.

En segundo lugar, describiremos el “mal do aire”. El enfermo es contagiado por el “aire” que emana un animal, una persona, un objeto o un lugar determinado, produciendo debilidad y conllevando un trastorno psicológico.

En tercer lugar, los bebedizos o polvos mágicos en la bebida, también presentes en el resto de España, casi siempre obra de una mujer que busca, o bien, la venganza, o ser querida (“polvos de amor”). A veces se relaciona ese bebedizo con la sangre menstrual.

En cuarto lugar, la caída de la paletilla, una parte del cuerpo (supuestamente el omóplato o alguna víscera cercana) con tendencia a “caerse” y provocar males. La curación se produce por un “levantador”, que posiciona la paletilla en su lugar original.

Por último, el “meigallo”, la sensación de estar dominado por Dios o por el demonio, de haber pecado gravemente contra el Cielo y estar sufriendo por ello.

Intentemos, ahora, relacionar esta expresión etnicitaria propia de la cultura gallega con algunas teorías antropológicas. Comenzaremos explicando la teoría relativa tanto a la religión (pues no sólo han aparecido conceptos propios del monoteísmo cristiano, como lo divino y lo demoníaco, sino conceptos quizá más arcaicos, propios del animismo) como a la magia.

En su libro Primitive Culture (1871), Tylor plantea la religión desde un enfoque evolutivo y lineal (más concretamente, unilineal), dividido en cuatro pasos:

- Animismo (la creencia en los seres espirituales).
- Politeísmo (la creencia en varios dioses, como la religión Egipcia o la grecorromana).
- Monoteísmo (la creencia en un dios único y todopoderoso, como el judaísmo, el cristianismo y el Islam).
- Ciencia

Tylor reconoce, sin embargo, la existencia de “supervivencias”: prácticas arcaicas, de etapas anteriores, que sobreviven a esta evolución lineal. La religión, según Taylor, retrocede mientras la ciencia avanza, puesto que el método científico va resolviendo preguntas que la religión ya no necesita responder. Las personas tratan de comprender el mundo en el que viven y, cuando desconocen las causas, intentan explicarlas. Pero hay en las religiones algo más que la búsqueda de respuestas: nos dan tranquilidad, reducen nuestra ansiedad. Tememos lo que no conocemos, y la religión nos ayuda a soportarlo. Es un colchón contra la adversidad, contra los problemas de la vida. Cuando carecemos de control, cuando nos fallan las fuerzas para enfrentar el desconocimiento (siguiendo a Malinowski), recurrimos a la magia.

El animismo parte del intento de explicar lo extraño y lo desconocido. Es la religión primigenia. Siguiendo a Tylor, se busca explicar la muerte, el sueño y el trance, y se explica mediante la dualidad alma/cuerpo. Una activada durante el día, y otra activa durante el sueño y el trance. La muerte no es más que la separación del alma y el cuerpo, y el sueño y el trance, la vida del alma.

A esto le sumamos la concepción de la “magia contagiosa”: la creencia de que podemos afectar a otra persona a través de algo con lo que tuvo contacto. Esta suma de animismo (como supervivencia de una etapa anterior) y magia nos servirá para describir la concepción de la locura en el folclore gallego.

La existencia de “seres espirituales” siempre presentes es muy evidente en todos los casos: tanto en los de posesiones diabólicas (“meigallos”) como en el poder otorgado por los demonios a los causantes del “mal de ollo”. La suma de la idea de unos seres malévolos siempre presentes y la culpabilidad cristiana (muy presente en los “meigallos”) explica buena parte de los casos.

La “magia contagiosa” es muy presente en el caso del “mal do aire”. A similitud de muchas culturas por todo el planeta (el vudú africano, el maná en Melanesia), la debilidad y la mala suerte pueden residir en objetos, personas o lugares.

Tendremos también en cuenta los rituales de curación: las romerías. Siguen los principios definidos por Rappaport: son formales, realizados en lugares sagrados y en épocas determinadas. Incluyen órdenes litúrgicas (acciones inventadas, como marcar una cruz invisible), y secuencias de palabras (como los poemas ya citados).

Para concluir, una reflexión sobre la pervivencia de estos rasgos del folclore en la cultura gallega moderna. Este último siglo ha sido testigo de un cambio gigantesco en la sociedad gallega: el paso de un pueblo rural, dividido en infinidad de pueblos repartidos por interior y costa, a un pueblo que habita, mayoritariamente, ciudades costeras. Y el cambio es evidente: a manos de la urbanización, la cultura rural gallega comienza a desaparecer. No escucharemos a nuestros amigos y vecinos decir que a un conocido se le ha “caído la paletilla”, ni hablar del “mal do aire” respecto a un enfermo mental. Si bien algunos rasgos todavía permanecen en algunas clases sociales (el “mal de ollo”, el mal de ojo), estos aspectos del folclore quedan recluidos en las generaciones más ancianas, y en las zonas más rurales. Pocos psiquiatras escucharán a sus pacientes hablar de estas tradiciones. Están condenadas a la desaparición. Quizá ni siquiera se conserven unas pocas décadas. Es un folclore en vías de extinción, obsoleto, vencido y dominado por el avance del método científico de la Psiquiatría y la Psicología.

domingo, 10 de abril de 2011

Las redes sociales: Conectados

Las redes sociales son de una belleza intrincada. Son tan elaboradas y complejas, son, en realidad, tan ubicuas, que uno no puede evitar preguntarse a qué propósito superior sirven.

Nicholas A. Christakis


En primer lugar, comencemos delimitando un término: una red social es una estructura formada por seres humanos, unidos entre sí por relaciones de amistad, amor, familiares… Pueden ser los amigos en una facultad, las relaciones en un hospital, o incluso una inmensa red virtual como es Facebook.


Nicholas Christakis y James Fowler comienzan su libro (Conectados) con un ejemplo: una brigada de cubos. Una serie de personas, formadas en fila de a uno, que transportan cubos desde una fuente de agua a un incendio, y los devuelven vacíos. Es evidente que una organización de este tipo aumenta al eficacia: ¿podéis imaginar a un centenar de personas desorganizadas, cada una con su cubo, corriendo ida y vuelta al río para apagar un incendio? ¿Cada cuando llegaría un cubo lleno a la casa incendiada? Sería un fracaso. La sencilla organización en hilera aumenta espectacularmente la eficacia. Otra organización similar sería un árbol telefónico: para difundir una noticia, llamo por teléfono a dos personas. Cada una de esas personas llama a otras dos, y así sucesivamente.

Pues bien, comencemos con algunos resultados de investigación sobre las redes sociales: empezaremos por Stanley Milgram, y el famoso experimento de los seis grados de separación. Cada grado de separación es una relación dentro de una red: mi amigo (un grado), el amigo de mi amigo (dos grados), el amigo del amigo de mi amigo (tres grados) y así sucesivamente. El experimento de Milgram es una curiosa comprobación de que, de hecho, el mundo (un planeta de 6.000 millones de personas) es un pañuelo: envió una gran cantidad de cartas a Nebraska, en E.E.U.U., con la intención de que llegaran hasta el despacho de un hombre de negocios en Boston, a más de 2.000 kilómetros de distancia. Los ciudadanos de Nebraska que participaron, sin ninguna relación con el destinatario, debían reenviar la carta al conocido que tuviese más oportunidades de conocer al objetivo. Tras revisar los envíos, Milgram calculó que la media era de seis grados de separación, es decir:

el amigo del amigo del amigo del amigo del amigo de mi amigo.

En el 2002 Duncan Watts, Meter Dodds y Roby Muhamad decidieron reproducir el experimento a nivel mundial, usando el correo electrónico. Curiosamente, el resultado fue el mismo: seis grados.

Y ahora centrémonos en los resultados de Christakis y Fowler. Citando a éste último:

Descubrimos, por ejemplo, en  nuestro primer estudio sobre la obesidad, que cuando tus amigos engordan, también hay más probabilidades de que tú también engordes. Pudimos demostrar que eso era cierto no sólo para tus amigos sino también para los amigos de tus amigos, e incluso para los amigos de tus amigos de tus amigos.  Hasta tres grados de separación. Repetimos el experimento con otras cosas que podrían influir en nuestros amigos, por ejemplo, el tabaco.  Si dejas de fumar, tus amigos serán más propensos a dejar de fumar, y también vale para los amigos de tus amigos y para los amigos de los amigos de tus amigos. Lo probamos con muchas cosas distintas y vimos que el número tres se repetía una y otra vez, que llegaba hasta una tercera persona pero que no iba más allá. 

Es decir: nuestra influencia alcanza un rango de tres grados de separación. A partir de ese momento, como las ondas en el agua, el efecto se desvanece. Pongamos, por aproximar, que la media de relaciones por persona (compañeros, amigos, familia cercana y pareja) es de 20. Tres grados de separación, por lo que 20x20x20= 8.000. Ocho mil personas que no conocemos, que quizá nunca veamos, pero en las que nuestros actos tienen influencia, personas cuyo comportamiento se ve modificado por el nuestro. ¿Más resultados?

El 68% de la gente conoció a su pareja a través de un intermediario.

Tras el nacimiento de un sobrino, tus probabilidades de tener un hijo aumentan en un 15%.

El riesgo de ser obeso se triplica cuando un amigo se vuelve obeso.

La felicidad de un amigo aumenta la propia en un 9%: la infelicidad, la reduce en un 7%.

¿Cuántas relaciones estrechas tiene, de media, cada persona en el mundo? Definamos relación estrecha como la que tienes con alguien con quien “pasas tiempo libre, y hablas de asuntos importantes”. Tras realizar estas preguntas a 3.000 ciudadanos americanos, la media de relaciones estrechas resultó ser 4, y la mayoría variaba entre 2 y 6. El 12% no tenía ninguna relación, y el 5% más de ocho. Pues bien, veamos algunos resultados obtenidos de esta investigación: el número de relaciones estrechas se reducen a medida que envejecemos, no se encuentran diferencias entre géneros y los estudiantes universitarios poseen el doble de relaciones estrechas que aquellos que no terminaron el instituto.

Y los resultados no quedan ahí: las investigaciones en el campo sobre los núcleos de las redes (aquellas personas que poseen muchas mas relaciones que la media, como el 5% en la investigación anterior) prometen extrapolaciones a campos como la medicina (la transmisión de enfermedades), la publicidad, las ventas, ¡incluso la transmisión del miedo ante crisis económicas! Parece haber unos principios rectores tras el aparente caos de las redes, ciertas normas ocultas tras las marañas de datos y sucesos aparentemente aleatorios.


Fuentes consultadas y recomendadas:

El maravilloso libro de Christakis y Fowler: Conectados, el sorprendente poder de las redes sociales y como nos afectan, publicado en España por la editorial Taurus (a la derecha).

El capítulo 89 de la última temporada de Redes, El poder de las redes sociales, que incluye la entrevista a James Fowler de donde se han extraído algunas citas del artículo (click aquí para acceder).

El documental El poder de los seis grados de separación, sobre el experimento de Milgram y las investigaciones en el campo (click aqui para acceder).

domingo, 27 de febrero de 2011

Aldous Huxley

“O, wonder!
How many goodly creatures are there here!
How beauteous mankind is! O brave new world,
That has such people in't!”
[1]



Nos encontramos en el año 1931 en Italia, en plena Gran Depresión, donde un Aldous Huxley de 37 años se encuentra en el comienzo de su carrera literaria. Han pasado casi dos décadas desde la Primera Guerra Mundial, Mussolini gobierna en Italia y Stalin en la Unión Soviética. Faltan dos años para que Hitler llegue al poder en Alemania.

Es entonces cuando un libro de H.G. Wells llega a las manos de Huxley: Men Like Gods, una optimista y utópica visión del futuro de la humanidad. Huxley se propone escribir una novela como parodia a la obra de Wells. Inspirado por el discurso de Miranda en La Tempestad, de Shakespeare, la titula Brave New World (Espléndido Nuevo Mundo, traducido en España como Un Mundo Feliz).

El Brave New World de Huxley es una distopía, una utopía anómala y enfermiza: lo opuesto a un mundo soñado. La ingeniería genética permite la creación de una sociedad de castas fabricada y decantada mediante la clonación: la clase dirigente, los Alpha, dotados de buena condición física e inteligencia y destinados al gobierno, los Beta, la clase dirigente menor, y una serie de clases bajas, retrasadas mentalmente y físicamente atrofiadas, destinadas al trabajo manual.

Los niños son sometidos desde el nacimiento a técnicas de condicionamiento, y los adultos consumen habitualmente una droga alucinógena sin efectos secundarios: el soma. Cada ciudadano es completamente feliz realizando el trabajo para el que ha sido creado. Se erradica la guerra, la enfermedad y la pobreza, y se establece el reinado de la Felicidad Global sacrificando en el camino la familia, el arte, la filosofía y el amor. Brave New World es la pesadilla de Huxley: un futuro donde la genética y la psicología sacrifican todo en nombre una felicidad inconsciente, vulgar, infantil y adormecida por las drogas. El choque entre esta sociedad feliz y un extranjero, el salvaje (un nativo americano, nacido en una reserva con Shakespeare bajo el brazo) será el hilo conductor de la novela.

Tras publicar la obra Huxley alcanza la fama. Escribe varias novelas, relatos cortos y poesías, y comienza a ser conocido por sus ensayos sobre los temas más diversos (filosofía, psicología, biología). Emigra a Estados Unidos y, tras leer la traducción al inglés del Libro tibetano de los muertos (un texto religioso del budismo tibetano) comienza a interesarse por el misticismo y la cultura oriental.

En 1953 comienza a experimentar con la mescalina, el principal alcaloide del peyote, la droga usada por los nativos originarios de Centroamérica, investigada profundamente en la época por su posible relación con la esquizofrenia, y usada por psicólogos y psiquiatras para la autoexploración del yo. Fruto de sus resultados y sus conclusiones filosóficas, Huxley publica The doors of perception (Las puertas de la percepción), tomando una cita del poeta William Blake para escoger el título[2]:

“Si las puertas de la percepción quedaran abiertas,
 todo se mostraría al hombre tal y como es: infinito”[3]

Huxley defiende que el uso de la mescalina permite reducir el filtro con el que el cerebro humano procesa la información y lograr, de esta forma, abrir las puertas de la percepción y contemplar el verdadero rostro de la realidad. Citando un fragmento de la obra:

“Cada persona, en cada momento, es capaz de recordar cuanto le ha sucedido y de percibir cuanto está sucediendo en cualquier parte del universo. La función del cerebro y del sistema nervioso es protegernos, impedir que quedemos  abrumados y confundidos por esa masa de conocimiento en gran parte inútil y sin importancia, dejando fuera la mayor parte de lo que de otro modo percibiríamos o recordaríamos en cualquier momento y admitiendo únicamente la muy reducida y especial selección que tiene probabilidades de sernos prácticamente útil. Conforme a esta teoría, cada uno de nosotros es  potencialmente Inteligencia Libre.”[4]


Continúa experimentando con LSD y, en plena década de los 60, se convierte en uno de los intelectuales a la cabeza del movimiento hippie. Publica Brave New World Revisited (Nueva visita a un mundo feliz), una recopilación de ensayos en la que muestra preocupación por la similitud entre la situación del momento y el mundo descrito en Brave New World.

“En 1931, cuando fue escrito Un mundo feliz, estaba convencido de que se disponía todavía muchísimo tiempo. […] Veintisiete años después me siento mucho menos optimista. Las profecías que hice en 1931 se están haciendo realidad mucho más pronto de lo que pensé.”[5]

Concluye en 1962 La isla, su última novela, una especie de testamento intelectual. Resulta la antítesis de Un mundo feliz: la sociedad soñada por Huxley. En Pala, una isla del pacífico, los avances de la ciencia (la medicina, el uso de drogas, la psicología, la genética) son utilizados para lograr una sociedad libre, despierta, sana y feliz. En ella Huxley expone las ideas ya mostradas en anteriores ensayos: sus preocupaciones por la superpoblación, la ecología, la psicodelia y la filosofía oriental.
                                                                                                        
Aldous Leonard Huxley muere el 22 de noviembre de 1963, el mismo día en que J.F. Kennedy es asesinado, mientras su mujer, cumpliendo su último deseo, le susurra El libro tibetano de los muertos al oído tras haberle suministrado 100 microgramos de LSD.


LECTURAS RECOMENDADAS

- La entrada inglesa de Wikipedia sobre Aldous Huxley (click aquí) y sobre Brave New World (click aquí).

- Las dos novelas citadas en el artículo: Un mundo feliz y La isla. 

- Nueva visita a un mundo feliz (la editorial Edhasa lo comercializa en una doble edición junto con Un mundo feliz).

El artículo Las puertas de la percepción, fácil de conseguir en la web (click aquí para acceder en versión PDF).




[1] La tempestad, William Shakespeare, acto V, 1611.

[2] Del título del libro tomaría su nombre, a su vez, la banda de Jim Morrison, The Doors, en 1964.

[3] El  matrimonio del cielo y el infierno, William Blake, 1793.

[4] Las puertas de la percepción, Aldous Huxley, 1953

[5] Nueva visita a un mundo feliz, Aldous Huxley, capítulo I, 1958.